sinopsis A Desert with many Doors DOCUMENTAL

Han pasado 20 años desde el alto el fuego de la guerra saharaui- marroquí, y Mulay Filali tras duros años de soledad, decide volver a casarse, y recupera una antigua relación que la misma guerra truncó. La llegada de su hijo mayor altera la vida que estaba reconstruyendo. En febrero de 2011 estallan las revueltas en Libia y 2700 estudiantes saharauis son evacuados, viéndose obligados a regresar a los campamentos de refugiados. El hijo de Mulay es uno de ellos, y como otros jóvenes saharauis, está cansado de esperar indefinidamente una solución política. A Mulay se le despiertan los recuerdos de la guerra, la culpa y el miedo de que su hijo viva las mismas experiencias que él. Vuelve a abrir un álbum que había fabricado durante la guerra y que había permanecido durante mucho tiempo cerrado. Un álbum de fotos familiares y recuerdos de la infancia, imágenes que durante la guerra sirvieron de soporte a él y a otros combatientes, tras el alto el fuego en 1991 comenzaron a estar cargadas de otro signifi cado; representaban la muerte de muchos y el abandono de la esperanza de regresar al Sáhara occidental. Sin embargo, al álbum se vinculan también felices recuerdos, y de esta ambivalencia surgirán interesantes refl exiones sobre el tiempo y la memoria. El álbum tiene los mismos años que su hijo recién llegado de Libia, y con su llegada, se despierta en Mulay como en tantos otros ex combatientes la culpa; no vio crecer a su hijo por combatir en la guerra y ahora tampoco puede ofrecerle un presente diferente. En un intento de vencer la culpa, los recuerdos de la guerra y el miedo, ofrece desesperadas alternativas a su hijo que éste invariablemente rechaza.

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synopsis A Desert with many Doors DOCUMENTARY

It has been 20 years since the ceasefire of the war Moroccan- Saharaui and Mulay Filali, after long years of loneliness, decides to remarry recovering an old relationship that it was truncated by the war itself. The arrival of his eldest son alters the life hewas rebuilding. In February 2011 riots broke out in Libya and 2700 Sahraui students are evacuated, being forced to return to the refugee camps. Mulay’s son is one of them and like other youngSaharauis is tired of waiting indefinitely for a political solution. Mulay experienced the awaken memories of the war, guilt and fear that his son will live the same experience as him. He reopens an album he made during the war and which had remained closed for a long time. An album of family photographs and childhood memories, images which during the war served as a support for him and other combatants, after the ceasefire in 1991 they began to be loaded with a different meaning; They start to represent the death of many and the abandonment of hope of returning to Western Sahara. However, the album also encloses happy memories, and from such ambivalence emerge interesting reflections on time and memory. The album has the same age as his son newly arrived from Libya, and with his arrival, the guilt is aroused in Mulay as in many other ex-combatants; He did not see his son grow up because he was fighting in the war and now neither can he offer him a different present. In an attempt to overcome the guilt, memories of war and fear, he offers desperate alternatives to his son, who consistently refused them.

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El cielo gira

enero 26, 2010


Este primer documental de la directora ha conseguido los premios de Mejor película en el Festival de Rótterdam y en el Festival de París Cinéma du réel 2005.


El Cielo Gira comienza con un cuadro de Peio Azketa, a través del cual, la directora llega a una enunciación de gran relevancia para la comprensión del film: “Los niños contemplan algo en el lago, algo ha desaparecido o está a punto de aparecer…”.

El segundo cuadro de Azketa se fundirá con una imagen real del cielo, que hace visible todo proceso dialógico que mantienen obra y paisaje. En este caso, sin duda, se ve progresivamente acentuado por la necesidad que tiene el autor de consensuar los paisajes con Antonino Martínez, vecino de la aldea, ya que al pintor, que sufre una gradual pérdida de la vista, los paisajes se le van difuminando, con sus colores y sus formas. El director de fotografía, Alberto Rodríguez, se vale de dos estilos diferentes según el espacio que retrate. En el interior, en los pasillos del palacio, priman las perspectivas con punto de fuga renacentista, dicho sea de paso, de una gran belleza. En el exterior, la fotografía, está adecuada al campo abierto, jugando más con una luz transformadora y creadora de paisajes impresionistas, y por tanto, la perspectiva, entonces, prácticamente desaparece, a excepción de las escenas que se desarrollan de noche, o la del páramo custodiado por la encina solitaria en el último paseo, donde parece dotar de infinitud gráfica a la conversación sobre el devenir y la muerte.

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Este artículo de Ricardo Pizarro trata sobre biopolítica y arte, en concreto, sobre la transgresora y sugerente obra del fotografo madrileño, Santiago Sierra. A este fotógrafo le interesa abordar y problematizar la temática de la inmigración, y lo hace, a veces, con toda la aspereza que la realidad arrastra y, otras veces, valiéndose del absurdo en el que los propios inmigrantes se ven sumidos cuando desempeñan trabajos para artistas. Como escribe el autor del artículo: “El sujeto inmigrante se pone bajo el dominio del arte para presentarse en su propia condición político-social, se expone a cara descubierta enfatizando la devaluación como estatuto de clase. [...] Así, el accionar biopolítico del arte se vuelve su faceta más temible, porque en el nombre del arte todo puede o debe suceder. Sierra actúa a la vez crítica y cínicamente, pues es la misma puesta en escena con todo su criticismo frontal y todo el debate que propone, la suma de la propia rentabilidad artística; el arte nunca puede traspasar la barrera de su nicho simbólico, poniendo en escena la sombra de desesperación de su propia imposibilidad.”

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Pierre Gonnord: Terre de Personne

Sala de Exposiciones Alcalá 31, Madrid. Del 17 de diciembre al 28 de febrero del 2010.

Tierra con seres vivos: Tierra sin Personas

No cabe duda que Pierre Gonnord es un gran retratista. Buena cuenta da de ello la colección que se presenta en la Sala Alcalá 31 de Madrid. Según el comisario de la exposición, Rafael Doctor, la serie de retratos de Gonnord “aborda personajes que viven en otro de los márgenes de la sociedad contemporánea: aquellos que pertenecen a comunidades rurales aisladas […] y que están sosteniendo con su presencia los últimos ecos de un mundo que ya no se resiste a desaparecer; últimos bastiones de otro tiempo con unos valores propios y una dignidad aún palpable y evidente”.

Entre los claroscuros de los rostros fotografiados, plasmados en grandes y hermosas fotografías como retratos al óleo, se deja claramente intuir un Rembrant y un Caravaggio, lo cual nos refuerza la pretendida atmósfera de lo viejo, la atmósfera de lo que ya ha sido, del pasado. Añadiría que hay una clara intención de que estos rostros, sacándolos de sus contextos y colocándolos en un estudio con fondo negro, resulten grotescos. Y, además, me atrevería a afirmar que el modelo ha pasado un no muy buen rato en el estudio del fotógrafo; la mayoría posan al borde del llanto, y permitidme que dude que la razón de tan inmenso desconsuelo se deba a la consciencia de que son “los últimos bastiones de otro tiempo”… Probablemente, ellos se sientan de este tiempo, porque además lo son. Y si a cualquiera le dijeran que es “de otro tiempo”, en todo caso, se enfadaría.

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